martes, 13 de agosto de 2013
las casuarinas
Yo corrí por calle Balcarce para ser puntual.
En Suipacha 286 un níspero abraza un paraíso.
Todo sucede en el mismo sector de la misma ciudad.
Descansar después de mi despliegue atlético y célebre.
Nunca pude someterme a su expansión huárpida
a su desarrollo felino
fémino.
Escarba su oído el tono de mis palabras
que recitan mis labores legionarias
tracciones forzosas e inútiles.
Entre las casuarinas una cueva de leones me ampara del sanavirón.
jueves, 1 de agosto de 2013
los bigotes de mi abuelo
Me pregunto qué hago sentada una tarde de enero frente a la computadora mirando a mi vecina, becaria del CONICET, en su sala haciendo lo mismo que yo: escribiendo y mirando por su ventana. Un loop en esta tarde extraña. Para salir de esta pregunta estudio la heladera y afortunadamente me brinda la posibilidad de un Campari con naranja que tanto mi terapeuta Pichín Policastro me recomienda. Muevo todos los objetos de mi escritorio permanentemente, estoy encerrada en esta casa y el cielo está lobuno a 43°C; el sopor ambiente es alto. También aparte, estoy leyendo el suplemento RADAR del 22.1.12 donde una tal Ana Porrúa me cuenta algo que yo ya viví: “Recuerdo la primera vez que leí o escuché (no me acuerdo que hice primero) Cadáveres”, y es cierto lo que dice, yo ya no sé que hice primero, si escuché o leí. Pero, pensando un toque, sí sé, primero me leyeron Cadáveres (ni escuché ni leí), y recuerdo la luz que caía sobre aquel lector desde el lucernario lejano en el techo de doble altura. Y es cierto que recuerdo esa tronera clara de fulgor que desteñía los gestos comprimidos del orador negro entrenado, hace años atrás. M-E-L-E-Y-E-R-O-N-C-A-D-A-V-E-R-E-S. Aquella escena de lectura amplificada, podría haber tenido el mismo resplandor que el fresco de Piero della Francesca llamado El sueño de Constantino, donde la tranquila escena nocturna del dormitar del conquistador romano es iluminada de pronto por un rayo de luz al descender un ángel del cielo sosteniendo el símbolo de la Cruz en su mano extendida. Y entonces con este nivel de ajuste preciso: de la ventana, del calor infernal de enero, de mi vecina en su ventana, del mail que espero recibir, de Perlongher, de mis mañas para escribir mal y leer peor, de la lectura en voz alta que me enseñó Arturo, de la geometría Euclidiana y la luz en la pintura renacentista, del momento del año en que los balances son ejercicios recurrentes y obligatorios, es que aprovecho para repasar mi conducta briosa que tan extraña siento, y a la que le desconfío tanto por estos días, para poner orden y propiciar el progreso. Antes que nada pienso que me parezco a lo peor de mis padres, y mi hermana tiene acumuladas las virtudes de ambos. Ella es admirable, y yo estoy enferma de mi propio ser, así todo sé campear mis calamidades. Tengo el cuero blanco-blanco, una rusa en el cuerpo de una tana, bajita, retacona y cimbreante. Soy la mecenas de mí misma, y eso me ha liberado de pasar cada fin de mes a cobrar un sueldo del estado por la ventanilla con timbre que tienen ciertas oficinas; me ha hecho ajena a los tics del papeleo académico institucional, me ha generado un margen de independencia ficticia, como así también de aislamiento por parte de los otros y propia. No pertenecer nunca. Extraño, pero real. Practico la vida mundana, me alegra la frivolidad: el alcoholismo y la droga en sociedad, las charlas amenas, los bailes agitados no eufóricos, los vestidos livianos de verano. En cuanto al carácter, lo que podríamos decir tipicamente reconocible como mis rasgos de personalidad, mi estética relacional, podríamos definirme como puramente vital, como una mujer del Alto Delta del Paraná. Revelando siempre un extraordinario vigor y fortaleza, una voluntad de vivir que se exterioriza sobre todo en mis arranques emocionales, en una pasión a veces incontrolada, en un temperamento sensual, proclive a desencadenarse fácilmente en violencias, y de golpe huraña insoportable. Feroz. Todo este despliegue se produce de manera metabólica en mi cuerpo. Mi retórica mezcla términos y temáticas de orígenes diversos y asume riesgos siempre reconocibles fuera de mi geografía habitual. El cambio de una prosa narrativa culta, inclusive con marcadas búsquedas ornamentales novedosas, que también reproduce un típico bilingüismo espontáneo, amable y telúrico. Diglosia siempre. Mi temperamento podríamos asociarlo al paisaje de las islas, de ese lugar entre el continente y el tránsito acuático que contempla las dos orillas . Sé de un torrente lagrimal pardo que estalla en mis párpados inferiores y brota río abajo desde mis ojos hacia el fluido infinito de un verano que no se detiene nunca: el río y yo en unión lisosomal desde aquí sumergidos. Lloramos juntos. Toda esta plasticidad del paisaje, de tez alazana tostada mojada, me configura. Paisaje gorgeous. Hablo de pájaros. Hablo de caza y de pesca. Por todo lo que el Moro Acebal me ha ido contando también. Hablo de tractores y sembradíos. De tanques australianos y de caminos de tierra recorridos hasta el cansancio, hasta el cansancio. También de las colas larguísimas en el ANSES, del trámite por el nuevo DNI celestito, de cómo me haría la mejor parrilla de la Tierra, de cómo revestiría el baño con monedas de 25 centavos doradas y plateadas, de los asados que me comería. De eso hablo y en eso pienso. Me motiva y me conmueve el paisaje y los árboles. Por mi abuelo entrerriano, por amor a mi abuelo entrerriano. Ese abuelo positivista, doble faz, que tenía una personalidad hermosa, elegante y salvaje simultáneamente. Que hablaba latín y alemán y, al mismo tiempo, sabía cazar distintos animales: los yacarés, cazados a garrotazos o a tiros; los carpinchos, las nutrias, el lobito de río y los peludos; la caza deportiva de patos y gallaretas. Sé cargar una del 12 y un 22. Del agua como valle para el aislamiento, de lo trágico del agua en el paisaje, de cómo caían muertos los patos en la superficie lacustre. Recuerdo cómo mi abuelo relataba, con gran actitud descriptiva, las bellezas y los misterios de la naturaleza en el paisaje. También recuerdo las leyendas que me contaba sobre las lagunas de cauces enormes, que sostienen la existencia de una ciudad viva en el fondo del agua, donde pueden vivir seres extraterrestres. Por eso, nunca logré disfrutar del agua fresca y desprendida de las lagunas. Me dan miedo las lagunas.
lunes, 29 de julio de 2013
adelanto de Tracción a sangre, próximo a salir!
Ahora tengo quién me escriba.
Desesperadamente, me escriben
Soy formidable, inteligente, bella, sensible y trabajadora
me lo hacen saber,
¿cómo no me lo han avisado antes?
¿Cómo es posible que haya vivido tantos años sin saberlo?
Ahora, ya tengo quién me escriba.
No tengo quién me ofrezca un techo.
No tengo quién me garantice salud.
No tengo quién me lea;
pero me mienten.
una oficina puede ser una máquina de tortura.
Embretada:
el semblante
flota como un melón jugoso pasado de temporada,
detrás de ese escritorio standard de Docampo López adjudicado mediante licitación pública,
con un pliego cuyo valor es de 123 pesos con sellados incluidos,
tan enervante como el color del enchapado roble fake del mueble que recibe palabras,
mis comprobantes.
domingo, 21 de julio de 2013
Los amigos modernos
1.
Esta semana he tenido cerca piezas de Serón y de Mele. Del gran colorista abstracto me ha prendado una, muy singular, sofisticada, que se titula Oh! Mi laberinto, mi mansión, en la que un racimo de colores sub-tropicales, bien de este suelo, evidencia todo el andarivel costero de la humedad y el loess nativo. Yo quisiera contemplar durante milenios esta construcción que no se explica más que con toda la biblioteca eterna que es Serón. Mele, en cambio, monocroma toda, aún en su trousseau de tejidos negros y camisa blanca, con un toque de fluorescencia en su collar de pteria sterna, me ofrece un relato plagado de signos, en el que una yacaresa courrèges se apropia del plano para eyectarse a un universo mundial. Su repertorio oscila entre estos lares y, seguramente, recorre el trópico de capricornio en su extensión y todos los meridianos que existan. Es una viajera sedentaria que ha inventado un nuevo alfabeto sígnico tierno y riguroso, en igual medida, que no detiene su escisión en la materia y luego, en la creación total, permite que exista el suceso de su amor por nuevas hendiduras.
2.
Recibo por mail la foto de un Vanzo inabordable, en el que logro ver un motivo estival, de lluvia caudalosa, de piloto levantado por el viento tormentoso de diciembre, y unas piernas torneadas descubiertas que confirman la alta temperatura, y el descanso que propicia la precipitación veraniega. Sucede un paraguas revertido, vencido por el vendaval y un auto colorado que transitaría, posiblemente, calle Maipú antes de llegar a Rioja en el año 1961. ¡Qué locurón Vanzo en el 61!, ¿ ya habría conocido a Rosa? Sí, claro, en 1961 ya hacía como 28 años que dormían juntos. ¿Ya habría perdido el sueño por las paletas más inconmensurables del mundo? ¿Ya había pintado todo lo que quiso con un virtuosismo tal, que lo subiría y lo bajaría de la gloria de un plumazo? Pintaba déco, pintaba muralismo, pintaba el modernismo, o con línea lecorbouseriana todo, pintaba todo ¿Ya había sido el cronista loco de sucesos locales en versión enérgica pictórica? Finisecular todo Vanzo. Vanzo y Rosa un solo corazón.
3.
Block:
bailando entre mujeres albinas en barrio Refinería.
un albaceas ajeno, profesional, me sobrevuela desde hace meses.
¿Dónde ha quedado el poeta, el pintor, el poeta, el periodista, el artista, el editor?
mi hija ya mide 2 centímetros más que yo. Le llevo 23 años y 9 kilos.
recibo novedades del campo y de la montaña, por igual. ¿ y el mar?
he aprendido que para escribir no hace falta ser sola
4.
Hemos tenido reuniones editoriales siempre en el mismo bar. Desde hace años nos juntamos en calle Tucumán al 1200, con algunas intermitencias pero, siempre volvemos a ese sitio. Son reuniones largas, de 3 o 4 horas, en las que no descansamos nunca la retórica parlanchina. Diseñamos, programamos, gritamos y nos reímos de igual modo, mientras creemos estar concibiendo libros que nos enloquecerán. De esos mitines una puede salir inflada de felicidad productiva o puede salir abatida, pero el punto es que andamos en un curso intenso, lento y celero, que configura trayectos desde hace 4 años. Hace 4 años que nos juntamos para hablar de libros al menos una vez cada 15 días, llevamos más de 100 reuniones en las que hablamos de libros. A la reunión siempre asistimos 3, 4 o más personas y, de vez en cuando, tenemos un invitado o un colado. Aproveché que se acercaba el festejo de la amistad para regalarles a mis compañeros editores un texto de Victoria Ocampo en el que ella se despide de la revista SUR, o más bien decide despedir a la revista SUR en su número 325 julio-agosto de 1979 con un texto titulado Después de 40 años: “SUR me ha traído amistades y enemistades. Era lo normal. Me ha permitido apreciar hasta donde llega la generosidad de algunos seres de excepción…No quiero, como diría Valéry, retirarle a esta publicación, para que subsista, lo que prometí darle para que existiera.” Mientras logremos seguir juntándonos para mantener el clima de las conversaciones tendremos libros y petit comité para rato.
5.
Una sola persona me felicita por el día del amigo, lo hace por WhatsApp diciéndome:
Lila querida, Feliz Día del Amigo, te
mando un abrazo fuerte, y de todo
corazón, agradezco nuestra
amistad, te quiero mucho. 21.35
a lo que respondo
Gracias por tus palabras. Pero no
identifico tu teléfono. 21.38
martes, 16 de julio de 2013
rock + vanzo + monte leña
-No he oído un puto cover en toda la noche- dije a mi compañero mientras esperaba ansiosa algún ritmo, familiar a mi discoteca anticuada, que active un leve potencial de acción en mis miembros inferiores.
¡Kinesis ya!
Siempre me ha costado bailar lo desconocido. No tengo capacidad demostrable para la música y todas sus vertientes expresivas. Nulidad motriz ante lo sonoro sin reminiscencia, mucha memoria visual, poca retención auditiva. Si, puedo relatar todo el salón en el que nos encontrábamos, y tejer una historia con cada uno de los 128 seres (los he numerado) que compartían el recinto esa noche en selva, pero jamás pude entender los nombres de los grupos que saltaban sobre el escenario, vociferando humor canchero y temas al público. Mucho menos saber sí el que comenzó a poner música, luego del concierto, era un dj estrella o un técnico de cables. ¡Qué se yo! Camisas a cuadros, los hombres; ha vuelto la camisa a cuadros, zapatillas de skate, todas Vans, jeans sueltos, jeans chupines, gafapastas, onda surfer en invierno, todos con un vaso de plástico en la pinza radial. Chicas con cortes carre y pelo sauvage largo, minifaldas, plataformas, medias de red, tachas, muletas, tragos, porrones. No anteojos negros. Todo se bañaba de luces púrpuras y, mientras esta gente se movía despareja, yo pensaba en las nuevas palabras que aprendí, en las pinturas, grabados, y dibujos que vi en los últimos días. ¡Cómo nos besábamos ahí mismo! ¡Qué bien! Y pensaba en el Vanzo que tengo desde la semana pasada, -en clima diurno/nocturno acentuando la paridad del plano, propia del rasgo en tinta china en donde el sol y la luna son análogos- que cuenta de una chica con melena larga, que ingresa a escena con el mismo ímpetu que “La Libertad” en, justamente, La Liberté guidant le peuple de Delacroix, e incendia la isla de enfrente. Y me he querido quedar con esta obra que se llama Fuego en las islas (1954) xq me da la idea del autorretrato. Es la primera vez que pienso en una pieza de arte de este modo. Desde hace un tiempo largo miro las pinturas y los dibujos con gran admiración, instalada en el lugar del público, pero con este Vanzo me siento protagonista de su historia. He inventado, me he apropiado y he asistido un retrato; y ahí estoy, en la pira de la isla, cargándome un monte completo, sucesivo de aguaribayes, intentando recurrir a mi coiffeur todos los viernes para mantener controlado el desmadre inminente. Ha pasado el rock. Miro el rock. Toda contemplación es fuego. Una vez pasado el rock, veo en silencio mi frutera, las mandarinas vergélicas maternas, y se activa la posibilidad del verso. Miro como las hordas de algarrobos y chañares se acercan a nuestra casa desde los montes achaparrados, y como las flores voraces, achiras papagayas, gritan en los lindes de nuestra vista. Así, mudas las flores, aparece un cardenilla, un relámpago salaz, un ramo de cerezas, y se arrima con pregnancia al crataegus; el crataegus se defiende mustio, triste ante las plumas hemoglobínicas del pájaro. Entender el mundo de los rojos: contrastes simultáneos desde los rojos vividos, los verdaderos rojos colorados al rojo de los tierras, el crataegus de rojo quebrado, brotando del suelo. Al rato, alguien dice: ¡voló tierra! Y de este modo, asevera que llegan visitas con la polvareda. La trashumancia nos rodea a toda hora, más allá del recorrido que traza el carpintero real entre la punta de la varilla del cerco de 5 hilos y nuestra ventana silenciosa en Monte Leña. Hay también en ese Vanzo silencio, silencio de fuego, silencio de invierno, aunque la pirómana esté prácticamente desnuda y acalorada.
viernes, 12 de julio de 2013
PRIMICIA AGOSTO 2013
En un mes presentamos en el Club Editorial Río Paraná este nuevo libro.
Va por Ivan Rosado.
Ana Wandzik y Maxi Masuelli han hecho una labor muy dedicada y generosa
para que este proyecto traquetee rumbo a la lectura desmadrada.
Aquí un adelanto de tapa y poema para ser leído en voz alta!
Pasan caballos
Ya no escribo más xq no recuerdo qué escribir.
Estoy bañándome de amor en humedal
en la largada del mosquital
asentada en el saucedal del paranacito
todo brilla en cálidos.
Estoy viendo pasar 4 o seis caballos por la noche,
se acercan mudos, y los contamos , cuatro
siete,
once, en progresión.
La noche reluce con nuestro asado
pasa un chancho,
nos visitan caballos nocturnos
con pelajes que podemos distinguir:
overo
tobiano
zaino
porcelano
tordillo
gateado
lobuno.
En nuestra mañana se atropella un variopinto tropel
con esos mismos cueros:
overo
tobiano
zaino
porcelano
tordillo
gateado
lobuno.
Cosemos una ventana a la tropa loca
tu brazo cierra un círculo para ver ese temblor
que sentimos en la panza.
Son once bichos enormes
que no levantan polvareda
que tragamos y mordemos:
overo
tobiano
zaino
porcelano
tordillo
gateado
lobuno.
Antes yo me bañaba en este río, ahora me lo tomo.
Y nosotros flotamos con el oro
para mirarnos el cristalino,
besarnos el gonión
en la curva del paranacito.
Sigo nadando frente a la luz
rumiando nuestro limo destellante entre los dientes.
miércoles, 6 de marzo de 2013
el Sábado 9 voy a leer esto a los gritos.
Tangará
He vuelto a estar despierta mientras te leo
(Xq estar despierta es estar despierta durante la noche
a nadie se le dice que se quedó despierto todo el día
me falta, ahora, durante la noche
el cigarro
el farolazo
la conversación).
Así todo he vuelto a estar despierta viendo el bronceado de mis falanges
aturdiendo la negrura del escritorio
como una araña lenta y fresca de comodidad:
replicando en espejo aquello que pasa en corteza frontal.
Podría escribir para todos, podría regalar proyectos.
Podría seguir enterrando gente.
Podría seguir macerando fotos.
Pero prefiero quedarme despierta, sagaz de colores.
Vuelvo al paisaje entonces, a mi cápsula expandida húmeda.
Y no le pido nada a la luz.
Ahora que mis novedades ya no llegan,
que Grela puede ser:
todos los colores
todas las palabras
todos los sampleos
todas las líneas
y no puedo escribirlo
y logré ver, adivinar, aquel arañero de hace un mes,
solazada por saber ese pájaro
finalmente, definitivamente, tiene un nombre
más distinguido: TANGARÁ.
Un mes pensando tu nombre
qué alegría pronunciarte: TANGARÁ
en 9 centímetros verte
en segmento bicolor, tan exacto
contraste de complementarios tan preciso: TANGARÁ
amplia frente y ventral oropimente
azarnefe
negro violáceo en dorsal,
qué acento en la Santa Rita: TANGARÁ
con tu andar
en estrato medio y alto.
Oculto.
Movedizo.
Recorredor de jardines: TANGARÁ.
Puedo escribirte algo como única verdad:
no hay minas para los escritores.
Chicas jóvenes poetas de mi tierra: dejad la poesía,
se pondrán vetustas y mustias
desdentadas,
la poesía les robará la belleza,
alejad al diablo de la fealdad si queréis seguir siendo esplendorosas,
es un llamado a la solidaridad: chicas jóvenes poetas abandonad la poesía,
si queréis continuar con la lozanía de vuestra piel y de vuestro pelo,
si queréis mantener la chispa de la vida en vuestros ojos,
no tenéis más que ir a ver con vuestros propios ojos:
hay contados casos de hermosas poetas con todos sus miembros bien puestos y conservados con más de una vida dedicada al verso.
TANGARÁ.
Haced caso jovencitas, mirad al TANGARÁ.
Aquí más: ¿y esas minas de la poesía?
son poetas que exudan poemas.
Yo inspiré un libro de poemas en el que no aparezco,
en el que hago un ruido atroz
y la figura no es rubia.
Inspiré un libro sobre ciudades condales,
edité y leí hasta el cansancio,
hasta el cansancio de estar sentada,
devolución en vuelo transatlántico.
Yo inspiré dos poemas del gran poeta con mi última juventud poética,
y no mucho más.
Yo inspiré la novela del gran editor de América Latina maniatado
el caballero aprende a tipear una pantalla.
Yo inspiré con mis poemas habados y mis dibujos aplanando ternura
los cuentos del morocho litoraleño
ahora rioplatense.
Con él somos dueños de la humedad del país,
y de un mismo swing nativo.
Me pregunto entonces: una escena es cuando dos testigos observan un fenómeno
y comentan al respecto.
Yo puedo ser una escena.
Nota 1:
Leeré este texto a modo de anticipo de Tracción a sangre, mi próximo libro por los muy generosos Ivan Rosado Ediciones, el Sábado 9 de marzo. Habrá un super recital de poemas organizado por Triple X y el Club Editorial Río Paraná desde las 19 hs. en XXX Pasaje Arenales 296 (Rosario), y presentamos un ratito antes, cerca de las 18 hs, Expansiones el libro compilado por Irina Garbatzky. Aquí data: http://www.ramona.org.ar/node/46965
Nota 2:
Este será el último post de Vikinga Criolla. Ahora es el turno de Tracción a sangre.
Próximamente novedades. Gracias por la asistencia lectora, con cariño siempre! Lila.
sábado, 9 de febrero de 2013
Nuevo verano

Aquí rebalsan las piletas,
y flotan las flores fuxias de la santa rita.
Ya
escribí mucho este jardín.
He pensado mucho este verde a todas las horas, desde el 89.
He visto ventanas en brote explosivo de plantas.
He mirado este jardín con manos húmedas de vajilla
en festivales pasados.
He visto,
he visto a los jóvenes de mi generación ansiosos xq algo les pase,
mientras este verde viajaba circulante en todo el cromatismo vegetal hasta los rojos,
y allí,
en rebote,
vuelve.
El color de un año en la ampelopsis.
He visto a jóvenes tomarse el bar de papá.
He visto, me distraigo mirando,
se mojan mis pies al pie de esta pileta tibia,
turbia
espuma que derrama sobre mis halluxs
lindantes desnudos.
http://lis-anselmi-fotografia.blogspot.com.ar/2009_10_01_archive.html la foto es de esta web.
viernes, 25 de enero de 2013
Pala Barreno
Cae tu vela sobre mi manuscrito. No podes parar de explayarte y no te entiendo ni jota.
Cae tu otra vela sobre mi manuscrito.
El alisio leve se cuela, el día es super cool,
pero cae tu vela sobre mi manuscrito.
La brisa ataca tu paladar.
Imposible mejor esta primavera recién llegada,
y así todo, tu vela sigue cayendo sobre mi manuscrito.
Hoy abro mi manuscrito, y la vela está aquí,
ha teñido,
con mucinas y sales,
ha diluido palabras: briosa, César, Acebal.
sábado, 12 de enero de 2013
Brasas que hablan
Verano del 97
-Mirá como chilla- le dice el Indio al Moro
-Sí, escuchá como viene!- responde el Moro
Están los dos en medio de un monte, en el claro de un monte con la luz que emanan las brasas. Se están por comer tres tiras de treinta centímetros, que se retuercen sobre la parrilla. Durante las dos horas en que transcurre el asado el Moro y el Indio no pronuncian más que estás dos frases. No conversan con palabras, hablan con el ritual austero del asador. Todo lo que tienen es tres pedazos de carne, un frasco de dulce ahora vaso de vino, una botella de vino tinto, un trapo con múltiples funciones, un cuchillo y un pedazo de pan. Pueden hacer el asado con un tronco recién hachado, una parrilla vencida y un braserío. Comen sobre los fierros de la parrilla una vez que la carne está digna de ser tragada y mezclan en su paladar el humo del cigarrito negro que comparten, la sangre de la carne y el buche de tinto. Reducen sabor y neutralizan la boca con pan. Y nuevamente el coctel de humo+sangre+tinto, y así durante un tiempo liviano de 19° grados nocturnos, bañado por el sereno. Podrían evitar las horas de sus vidas en talante amoroso de ser hermanos. No se abrazan, no se dicen que se quieren, no se valoran, no se reconocen, no se complacen por la presencia mutua: están. No hay educación ni cariño. Están. Están haciendo un asado, y vivirían en modo asado eterno. La manera que tienen de darse calor es prendiendo un fueguito y teniendo en la parrilla un cacho de cualquier cosa que les franquee el hambre. No son guapos, ni fuertes, ni agradecidos, ni simpáticos. No saben ser valientes por que no conocen el miedo. Yo trato de no existir allí. Es decir miro,
miro,
escucho
el monte,
el chillido de la tira,
las pocas palabras que se dicen.
La traducción del “mirá como chilla", del ojo al oído, y el “escuchá como viene”, del oído al ojo, construye un zigzag de ascetismo escénico que no podría recrearse en un estudio de Hollywood con todo el oro de mis dedos. Por eso lo escribo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)







