jueves, 12 de septiembre de 2013

Santa Siesta Revolucionaria


CAMPEONATO SUDAMERICANO JUVENIL DE DEPORTES ACUÁTICOS - ARGENTINA 2009
Sedes
Santa Fe
El emblema de Santa Fe, Puente Colgante iluminado en la noche.




Estoy flotando en una pileta mirando un pedazo de espinillos que se llama La vuelta del paraguayo, es otra de las tantas lenguas de barro que conforman mi paisaje congénito. Se toma liso desde las 11 de la mañana. Se reúne con la burocracia local. Se conversa del amor, de las lecturas, del estado de las vías navegables, de los viajes. El sopor es inaudito para la primera semana de septiembre en el cono sur. Aún no se ha despertado la primavera y faltan tres meses para el verano. Se duerme la siesta xq no hay otro modo de subsistir, al igual que en Santiago del Estero: o salimos a dar vueltas en taxi con aire acondicionado o nos vamos a dormir la mona para evitar ver como caen los gorriones muertos desde los lapachos en flor. Los he visto, he visto como caían los gorriones, desde lo alto de las copas floridas de los lapachos, explotando como granadas sobre las lajas; tanto en la zona de los Guaycurues como en la de los Colastiné. En Santa Fe se podría escribir un tratado sobre la siesta, en la que hombres y bestias se esconden en prevención del asoleo. Martín de Moussy ha llegado a decir que la siesta reinaba despóticamente en la ciudad dormida y Estanislao Zeballos: ..Parece una ciudad de muertos porque todo el mundo cierra su puerta y duerme una siesta patriarcal. Todo buen santafecino comienza a dormir la siesta obligada en octubre, pero para estos inicios de septiembre no queda otra. William Mac Cann se refería en 1847 diciendo que la cantidad de personas que dormían bajo los árboles, en las huertas, y en los suburbios, causaba una extraña impresión…de pausa para la vida del comercio, en cambio activo cuchicheo íntimo entre sábanas. Las siestas se viven, dormidos, pero se viven, se reproducen, aumentan según la intensidad de grados Celsius en ambiente. En palabras de Seguí, justificando esta práctica de descanso obligado durante el día: se puede probar que las siestas eran poéticas,  pues se confunden con los recuerdos de los tiempos pastoriles, en que los dichosos dormían y se adoraban (estás palabras no son de Seguí), al vago murmullo de las aguas, bajo la anchurosa sombra de un alcornoque.
Una vez superada la terciana me sorprendería, a la tardecita, visitando la feria del libro de Santa Fe en la que descubrí nuestros propios libros de Yo soy Gilda. Los libros son así, dejan de pertenecerte y deambulan; por eso es lindo hacer libros. Las ferias están buenísimas, pululan todos los agentes. ¡LISO POR FAVOR! Lisos que se van en sorbos. Cada sorbo un segundo menos de calor… no miento; cada sorbo 30 segundos menos de calor. Cada liso 7 pesos. Se camina por la costanera, notamos que se camina más que en Rosario, pero se corre menos. Hay menos running en Santa Fe. Notamos que el río es otro, claro que es otro, pero tiene otro modo de presentarse; el nuestro, nuestro Paraná, es una guasada; este es un río paquete, mesurado. Cuando cae la noche nos sentamos en la esquina de las calles Castellanos y los 7 Jefes a tomar el cuarto liso de la última hora, frente a un puente, y a otro. Aprendo palabras como tirante, pilón, tablero; el mundo a flote y en tensión para sostener un puente que es un símbolo del choreo criollo. Fulano se chorió un puente completo, me dicen. Pienso: ¿dónde habrá metido el puente, habrá decorado su jardín? ¿Tendrá metido el puente en su living? Es hermoso sentarse a mirar un puente y entender que allí todo es física, artesanía y política. Casi todo lo que nos rodea en las ciudades podría definirse mediante esta triada. Me quedo tildada con el nombre de la avenida costanera los 7 Jefes que, según aprendo un rato más tarde, eran mancebos revolucionarios de la tierra: Lázaro, Diego, Rodrigo, Ruy, Diego, Pedro y Francisco. Mancebos y revolucionarios: excelente. La primera revolución independentista del mundo sucedió en Santa Fe; Lázaro de Venialbo fue su héroe y mártir.
¡Liso y siesta para todos!
escuchar más acá:

martes, 10 de septiembre de 2013

todas nuestras difíciles juventudes




Draga mi falda el manuscrito de Nuestra difícil juventud, mientras viajo a 180 kilómetros por hora sobre el extenso manto de agua que duerme bajo el puente Rosario - Victoria. Mi chofer me acaricia la quijada y una nube negra de tordos boyeros se desprende de la banquina. Son muchas las nubes negras que suben desde el pasto a nuestro paso raudo. Pienso en Horacio Quiroga. Me acuerdo de las fotos de Quiroga, de Quiroga fotógrafo, acentuando de verismo todo aquello que escribió.  Y reviso por centésima vez estos papeles de G y G (Garamona y Grondona);  me quedo mirando unos dibujos en los que aparecen cascotes níveos junto a niñas feligresas de tetitas dulces, líneas  de sapropel  al rescaldo de una pubertad toxigénica, gladiadores lúmpenes del polvo, escenas copiosas, trepidantes. Bonetes y libros esnifados, libros como máscaras,  pájaros inventados de vuelo cetrero y cautivo. Chicas marineras de melenas lacias y señoritas conspicuas  acompañan el encierro de G y G. Leo en este trabajo “Se fugan/muchachas/ desaparecidas” y, más adelante, también   “Las ropas/que el agua/ acercó,/años atrás, podridas”, o “el cabo de / su/ cuchillo/ en la /matriz/ de una/ vikinga”. Me atrevo a deducir que entre Grondona y Garamona hay un quantum energético de navegantes al que me enloquece espiar, en este viaje alquímico de micciones y trasvasados.  Lloro y eso no es nada frente al lenguaje grafítico en Moebius que acompaña estas páginas. La extensión de las rayas de G y G puede medirse en versos o en líneas, en dibujos: inconmesura de una cartografía envidiable. Lo escrutable: las páginas, los caracteres, la compacidad del libro, de la materia. Una materia que, por momentos, a lo largo de esta difícil juventud que organizan G y G, tiene forma de gaviota inflada a sangre, plumífera; o tiene la pompa de espacios lujuriosos, o  dimensiona  la piel de los océanos y los terrenos amplios de nuestra lontananza.  Todo cabría en una red cargada de días astillados de sol y noches duras. Francisco y Vicente podrían ser dos rabdomantes, a quienes invitar a casa una tarde para inhalar humo de rocas lunares en trío.  Mi gratitud de ante mano.


NUESTRA DIFÍCIL JUVENTUD: una obra a dúo que reune poemas de Francisco Garamona y dibujos de Vicente Grondona. Ya se consigue en el Club Editorial Río Paraná, y en ferias y librerías!
*
Nuestra difícil juventud
Selecciones Ivan Rosado, 2013
136 pgs.

miércoles, 28 de agosto de 2013

Belleza es aptitud expresada (Sir Walter Armstrong)





Estas semanas han pasado muchas cosas. Ha salido a trotar las calles mi nuevo libro Tracción a sangre, se ha festejado en cenáculos íntimos, se ha comentado, la chusma ha hecho lo propio en bares como Pasaporte o Paco Tío entre poetas añejados por la gestión cultural y bellas ninfas. 
He leído una inusitada novela corta, de tres amigos, que se llama El día feliz de Charlie Feiling del trío loco convertido en dupla esquizo Bizzio-Guebel, en la que estos tres grandes, Feiling, Bizzio, Guebel, se comen un asado en Ramallo y luego se insolan y luego nadan entre flatulencias literarias en el Paraná para rematar, con la hidalguía propia de Sir Feiling, a bordo de un bondi de vuelta a CABA. Este libro tiene tapa excelente y hermosamente pictórica de Daniel García. Un cuarteto de galanes imperdible. Hay que leer esta novelita y mirar esa pintura en la que un Volvo verde ochentoso copa la tapa. ¿Esta es la tradición literaria? 
Luego los días avanzaron por sectores extraños, se empantanaron con malas noticias. 
Se reactivó el lodo, convertido en orfebrería decorativa, con un quinteto gráfico de Vanzos de jarrones con flores que adornan mi hogar. También apareció un Cochet de jarrón con flores sobre arpillera. ¡Mamá cúantos jarrones con flores! me grita la púber paya. También paseamos nuestro perro, y aprovechamos para hacer picnics en el parque España. 
Recibí un dibujo hermoso de regalo de Fernando Calero en el que bendice mis poemas. Allí la voz. La voz de los poetas. -Mis poemas-. La voz que aún no tengo. Lo que se debe aprender, y lo que nunca tendré por ser marrana. Lo que nunca me dará la bravura. Lo que me dará siempre la permeabilidad, la capa lúcida de mí. Escribí un poema que trata de los últimos fríos y de las mujeres rosarinas deslizándose como eslavas;  la foto hierve. Tomé el té y una coca con Arturo Carrera, caminamos y vimos el garage Apolo de calle Sarmiento 555, miramos el río. Conversamos toda una tarde de martes, y nos detuvimos a mirar el gomero enorme ribereño que tambalea en la barranca, y eso le hizo recordar este poema de Sarduy que habla de otro gomero enorme y aprovechamos para leer juntos:

PARA EL ÁRBOL DE “LA RECOLETA”

¡Qué lección para el hombre: proliferas

en todos los sentidos! En el viento

son tus ramas emblema y argumento

de toda plenitud. O las banderas

de una plegaria. No comienza el día

sin que pájaros, dioses tutelares

y demonios menores o insulares

se afronten en tu copa. Simetría

He aprendido que un libro es, ante todo, la voz de su autor. Desde que hago poemas experimenté mi propia voz en modo poema, la he escuchado, la he escrito, me he sentado a escribir para ver mi voz vivir. Pero hoy, el sábado pasado, vi la reverberancia amontonada de la voz de un autor. He escuchado en vivo y en directo a Damián Ríos leer sus cuentos en el Club Editorial Río Paraná. Lo hemos escuchado leer su libro y su cuento Bajo Cero editado por IVAN ROSADO; y, mientras lo oía, pensaba que ya, a partir de ese mismo instante del presente que nos rodeaba, no habría vuelta atrás con el ejercicio de la lectura. Siempre que leeré a Ríos escucharé su onda. Así es como se acentúa la voz del poeta Ríos en un afótico malevo, mataco, castizo, artigueano, y no sé qué más, en el que él nada pausado para ofrecer todo el sonido propio, congénito. Ahora sé que tengo en la biblioteca un libro vociferante y, ya no es un libro, es otro objeto que se dispara en miles de sentidos, se estrella de modo centrífugo y se desmadra.  Algo parecido me ha sucedido mientras  oía leer sus poemas  a Arturo Carrera en festivales y en su living, y en mi living. También, casi lo mismo, al escuchar las grabaciones de Pizarnik leyendo a AC, y luego  escuchar mis poemas leídos por la voz de AC durante largos, larguísimo escasos tres años. Es así como se empalman lecturas de las lecturas de las voces, y las voces de las lecturas, generando un canon eterno en mis circunvoluciones. 
Ayer preparábamos con mis nobles/nobeles editores la lectura que haremos el sábado para presentar Tracción a sangre en el Club Editorial Río Paraná, y elegimos los poemas que irían con otra voz que no sea la mía, con otros talantes, con nuevos ritmos, otros alcances alveolares, otras extensiones del canto, para descubrir nuevos poemas en los míos y así que la escritura, la lectura, la voz se dinamiten y renueven, todo al unísono.

miércoles, 21 de agosto de 2013

Lo que se dice de Tracción a sangre. Wandzik+Garamona

Tracción a sangre /IVAN ROSADO, 
se presenta con super ágape 
el sábado 31 de agosto a las 18hs.
en el Club Editorial Río Paraná
Vélez Sarsfield 395 - Rosario.

(vociferando Tracción a sangre, lindas fotos de Fede Leidi en Recital de locos en XXX)




En Tracción a sangre Lila Siegrist hace un llamado, que es también una advertencia: “chicas jóvenes poetas de mi tierra abandonen la poesía”. ¿Quizás porque los poemas son algo así como el motor de una experiencia que podría dispararse para ir a ocupar un “volumen” real, ya no en lo ilusorio de una biblioteca, sino en la verdadera vida? Yo me hago estas preguntas, las escribo con mi pésima letra manuscrita. Pero sé que Lila igual habla de otra cosa ­­–la verdadera poesía siempre está escapándose– mientras moldea con la punta rosada de su pluma esa materia prima melancólica de la que habló Zelarayán, y examina las zonas que el agua va dejando en sus declives. Aquí una rama podrida, allí un pájaro traslúcido llamado Tangará que le dice al oído los versos más obscenos, que ella por pudor no anota. Esta es una poesía preclara, que reflexiona sobre las posibilidades de modificar las tendencias hoy visibles hacia la ruptura del consenso.


Francisco Garamona


--


Este es fundamentalmente un libro diurno, luminoso, pero también frondoso y fértil. Aunque estos calificativos no se contradigan y por el contrario su combinación sea la fuente de un terreno superabundante por donde Lila avanza con su horquilla de sauce eléctrico revelando un paisaje-lenguaje tan único como recurrente. Aquí el agua divide y une dice la poeta rabdomante.
Una de las maneras de leer este libro –la que recomendamos– es con el frenesí propio de quien sabe que al golpe de bajada de cada verso encontrará una sorpresa.


Ana Wandzik

martes, 13 de agosto de 2013

las casuarinas


Yo corrí por calle Balcarce para ser puntual.
En Suipacha 286 un níspero abraza un paraíso.
Todo sucede en el mismo sector de la misma ciudad.
Descansar después de mi despliegue atlético y célebre.
Nunca pude someterme a su expansión huárpida
a su desarrollo felino
fémino.
Escarba su oído el tono de mis palabras
que recitan mis labores legionarias
tracciones forzosas e inútiles.
Entre las casuarinas una cueva de leones me ampara del sanavirón.

jueves, 1 de agosto de 2013

los bigotes de mi abuelo


Me pregunto qué hago sentada una tarde de enero frente a la computadora mirando a mi vecina, becaria del CONICET, en su sala haciendo lo mismo que yo: escribiendo y mirando por  su ventana. Un loop en esta tarde extraña. Para salir de esta pregunta estudio la heladera y afortunadamente me brinda la posibilidad de un Campari con naranja que tanto mi terapeuta Pichín Policastro me recomienda. Muevo todos los objetos de mi escritorio permanentemente, estoy encerrada en esta casa y el cielo está lobuno a 43°C; el sopor ambiente es alto. También aparte, estoy leyendo el suplemento RADAR del 22.1.12 donde una tal Ana Porrúa me cuenta algo que yo ya viví: “Recuerdo la primera vez que leí o escuché (no me acuerdo que hice primero) Cadáveres”, y es cierto lo que dice, yo ya no sé que hice primero, si escuché o leí. Pero, pensando un toque, sí sé, primero me leyeron Cadáveres (ni escuché ni leí), y recuerdo la luz que caía sobre aquel lector desde el lucernario lejano en el techo de doble altura. Y es cierto que recuerdo esa tronera clara de fulgor que desteñía los gestos comprimidos del orador negro entrenado, hace años atrás. M-E-L-E-Y-E-R-O-N-C-A-D-A-V-E-R-E-S. Aquella escena de lectura amplificada, podría haber tenido el mismo resplandor que el fresco de Piero della Francesca llamado El sueño de Constantino, donde la tranquila escena nocturna del dormitar del conquistador romano es iluminada de pronto por un rayo de luz al descender un ángel del cielo sosteniendo el símbolo de la Cruz en su mano extendida. Y entonces con este nivel de ajuste preciso: de la ventana, del calor infernal de enero, de mi vecina en su ventana, del mail que espero recibir, de Perlongher, de mis mañas para escribir mal y leer peor, de la lectura en voz alta que me enseñó Arturo, de la geometría Euclidiana y la luz en la pintura renacentista, del momento del año en que los balances son ejercicios recurrentes y obligatorios, es que aprovecho para repasar mi conducta briosa que tan extraña siento, y a la que le desconfío tanto por estos días, para poner orden y propiciar el progreso. Antes que nada pienso que me parezco a lo peor de mis padres, y mi hermana tiene acumuladas las virtudes de ambos. Ella es admirable, y yo estoy enferma de mi propio ser, así todo sé campear mis calamidades. Tengo el cuero blanco-blanco, una rusa en el cuerpo de una tana, bajita, retacona y cimbreante. Soy la mecenas de mí misma, y eso me ha liberado de pasar cada fin de mes a cobrar un sueldo del estado por la ventanilla con timbre que tienen ciertas oficinas; me ha hecho ajena a los tics del papeleo académico institucional, me ha generado un margen de independencia ficticia, como así también de aislamiento por parte de los otros y propia. No pertenecer nunca. Extraño, pero real. Practico la vida mundana, me alegra la frivolidad: el alcoholismo y la droga en sociedad, las charlas amenas, los bailes agitados no eufóricos, los vestidos livianos de verano. En cuanto al carácter, lo que podríamos decir tipicamente reconocible como mis rasgos de personalidad, mi estética relacional, podríamos definirme como puramente vital,  como una mujer del Alto Delta del Paraná. Revelando siempre un extraordinario vigor y fortaleza, una voluntad de vivir que se exterioriza sobre todo en mis arranques emocionales, en una pasión a veces incontrolada, en un temperamento sensual, proclive a desencadenarse fácilmente en violencias, y de golpe huraña insoportable. Feroz. Todo este despliegue se produce de manera metabólica en mi cuerpo. Mi retórica mezcla términos y temáticas de orígenes diversos y asume riesgos siempre reconocibles fuera de mi geografía habitual. El cambio de una prosa narrativa culta, inclusive con marcadas búsquedas ornamentales novedosas, que también reproduce un típico bilingüismo espontáneo, amable y telúrico. Diglosia siempre. Mi temperamento podríamos asociarlo al paisaje de las islas, de ese lugar entre el continente y el tránsito acuático que contempla las dos orillas . Sé de un torrente lagrimal pardo que estalla en mis párpados inferiores y brota río abajo desde mis ojos hacia el fluido infinito de un verano que no se detiene nunca: el río y yo en unión lisosomal desde aquí sumergidos. Lloramos juntos. Toda esta plasticidad del paisaje, de tez alazana tostada mojada, me configura. Paisaje gorgeous. Hablo de pájaros. Hablo de caza y de pesca. Por todo lo que el Moro Acebal me ha ido contando también. Hablo de tractores y sembradíos. De tanques australianos y de caminos de tierra recorridos hasta el cansancio, hasta el cansancio. También de las colas larguísimas en el ANSES, del trámite por el nuevo DNI celestito, de cómo me haría la mejor parrilla de la Tierra, de cómo revestiría el baño con monedas de 25 centavos doradas y plateadas, de los asados que me comería. De eso hablo y en eso pienso. Me motiva y me conmueve el paisaje y los árboles. Por mi abuelo entrerriano, por amor a mi abuelo entrerriano. Ese abuelo positivista, doble faz, que tenía una personalidad hermosa, elegante y salvaje simultáneamente. Que hablaba latín y alemán y, al mismo tiempo, sabía cazar distintos animales: los yacarés, cazados a garrotazos o a tiros; los carpinchos, las nutrias, el lobito de río y los peludos; la caza deportiva de patos y gallaretas. Sé cargar una del 12 y un 22. Del agua como valle para el aislamiento, de lo trágico del agua en el paisaje, de cómo caían muertos los patos en la superficie lacustre. Recuerdo cómo mi abuelo relataba, con gran actitud descriptiva, las bellezas y los misterios de la naturaleza en el paisaje.  También recuerdo las leyendas que me contaba sobre las lagunas de cauces enormes, que sostienen la existencia de una ciudad viva en el fondo del agua, donde pueden vivir seres extraterrestres. Por eso, nunca logré disfrutar del agua fresca y desprendida de las lagunas. Me dan miedo las lagunas. 

lunes, 29 de julio de 2013

adelanto de Tracción a sangre, próximo a salir!





Ahora tengo quién me escriba.
Desesperadamente, me escriben
Soy formidable, inteligente, bella, sensible y trabajadora
me lo hacen saber,
¿cómo no me lo han avisado antes?
¿Cómo es posible que haya vivido tantos años sin saberlo?
Ahora, ya tengo quién me escriba.
No tengo quién me ofrezca un techo.
No tengo quién me garantice salud.
No tengo quién me lea;
pero me mienten.
una oficina puede ser una máquina de tortura.
Embretada:
el semblante
flota como un melón jugoso pasado de temporada,
detrás de ese escritorio standard de Docampo López adjudicado mediante licitación pública,
con un pliego cuyo valor es de 123 pesos con sellados incluidos,
tan enervante como el color del enchapado roble fake del mueble que recibe palabras,
mis comprobantes.

domingo, 21 de julio de 2013

Los amigos modernos





1.
Esta semana he tenido cerca piezas de Serón y de Mele. Del gran colorista abstracto me ha prendado una, muy singular, sofisticada, que se titula Oh! Mi laberinto, mi mansión, en la que un racimo de colores sub-tropicales, bien de este suelo, evidencia todo el andarivel costero de la humedad y el loess nativo. Yo quisiera contemplar durante milenios esta construcción que no se explica más que con toda la biblioteca eterna que es Serón. Mele, en cambio, monocroma toda, aún en su trousseau de tejidos negros y camisa blanca, con  un toque de fluorescencia en su collar de pteria sterna, me ofrece un relato plagado de signos, en el que una yacaresa courrèges se apropia del plano para eyectarse a un universo mundial. Su repertorio oscila entre estos lares y, seguramente, recorre el trópico de capricornio en su extensión y todos los meridianos que existan. Es una viajera sedentaria que ha inventado un nuevo alfabeto sígnico tierno y riguroso, en igual medida, que no detiene su escisión en la materia y luego, en la creación total, permite que exista el suceso de su amor por nuevas hendiduras.

2.
Recibo por mail la foto de un Vanzo inabordable, en el que logro ver un motivo estival, de lluvia caudalosa, de piloto levantado por el viento tormentoso de diciembre, y unas piernas torneadas descubiertas que confirman la alta temperatura, y el descanso que propicia la precipitación veraniega. Sucede un paraguas revertido, vencido  por el vendaval y un auto colorado que transitaría, posiblemente, calle Maipú antes de llegar a Rioja en el año 1961. ¡Qué locurón Vanzo en el 61!, ¿ ya habría conocido a Rosa? Sí, claro, en 1961 ya hacía como 28 años que dormían juntos. ¿Ya habría perdido el sueño por las paletas más inconmensurables del mundo? ¿Ya había pintado todo lo que quiso con un virtuosismo tal, que lo subiría y lo bajaría de la gloria de un plumazo? Pintaba déco, pintaba muralismo, pintaba el modernismo, o con línea lecorbouseriana todo, pintaba todo ¿Ya había sido el cronista loco de sucesos locales en versión enérgica pictórica?  Finisecular todo Vanzo. Vanzo y Rosa un solo corazón.
3.
Block:
bailando entre mujeres albinas en barrio Refinería.
un albaceas ajeno, profesional, me sobrevuela desde hace meses.
¿Dónde ha quedado el poeta, el pintor, el poeta, el periodista, el artista, el editor?
mi hija ya mide 2 centímetros más que yo. Le llevo 23 años y 9 kilos.
recibo novedades del campo y de la montaña, por igual. ¿ y el mar?
he aprendido que para escribir no hace falta ser sola

4.
Hemos tenido reuniones editoriales siempre en el mismo bar. Desde hace años nos juntamos en calle Tucumán al 1200, con algunas intermitencias pero, siempre volvemos a ese sitio. Son reuniones largas, de 3 o 4 horas, en las que no descansamos nunca la retórica parlanchina. Diseñamos, programamos, gritamos y nos reímos de igual modo, mientras creemos estar concibiendo libros que nos enloquecerán. De esos mitines una puede salir inflada de felicidad productiva o puede salir abatida, pero el punto es que andamos en un curso intenso, lento y celero, que configura trayectos desde hace 4 años.  Hace 4 años que nos juntamos para hablar de libros al menos una vez cada 15 días, llevamos más de 100 reuniones en las que hablamos de libros. A la reunión siempre asistimos 3, 4 o más personas y, de vez en cuando, tenemos un invitado o un colado. Aproveché que se acercaba el festejo de la amistad para regalarles a mis compañeros editores un texto de Victoria Ocampo en el que ella se despide de la revista SUR, o más bien decide despedir a la revista SUR en su número 325 julio-agosto de 1979 con un texto titulado Después de 40 años: “SUR me ha traído amistades y enemistades. Era lo normal. Me ha permitido apreciar hasta donde llega la generosidad de algunos seres de excepción…No quiero, como diría Valéry, retirarle a esta publicación, para que subsista, lo que prometí darle para que existiera.” Mientras logremos seguir juntándonos para mantener el clima de las conversaciones tendremos libros y petit comité para rato.


5.
Una sola persona me felicita por el día del amigo, lo hace por WhatsApp diciéndome:
                                             
                          Lila querida, Feliz Día del Amigo, te 
                          mando un abrazo fuerte, y de todo 
                          corazón, agradezco nuestra 
                          amistad, te quiero mucho. 21.35

a lo que respondo

                          Gracias por tus palabras. Pero no
                        identifico tu teléfono.  21.38

martes, 16 de julio de 2013

rock + vanzo + monte leña



-No he oído un puto cover en toda la noche- dije a mi compañero mientras esperaba ansiosa algún ritmo, familiar a mi discoteca anticuada, que active un leve potencial de acción en mis miembros inferiores. 
¡Kinesis ya! 
Siempre me ha costado bailar lo desconocido. No tengo capacidad demostrable para la música y todas sus vertientes expresivas. Nulidad motriz ante lo sonoro sin reminiscencia, mucha memoria visual, poca retención auditiva. Si, puedo relatar todo el salón en el que nos encontrábamos, y tejer una historia con cada uno de los 128 seres (los he numerado) que compartían el recinto esa noche en selva, pero jamás pude entender los nombres de los grupos que saltaban sobre el escenario, vociferando humor canchero y temas al público. Mucho menos saber sí el que comenzó a poner música, luego del concierto, era un dj estrella o un técnico de cables. ¡Qué se yo! Camisas a cuadros, los hombres; ha vuelto la camisa a cuadros, zapatillas de skate, todas Vans, jeans sueltos, jeans chupines, gafapastas, onda surfer en invierno, todos con un vaso de plástico en la pinza radial. Chicas con cortes carre y pelo sauvage largo, minifaldas, plataformas, medias de red, tachas, muletas, tragos, porrones. No anteojos negros. Todo se bañaba de luces púrpuras y, mientras esta gente se movía despareja, yo pensaba en las nuevas palabras que aprendí, en las pinturas, grabados, y dibujos que vi en los últimos días. ¡Cómo nos besábamos ahí mismo! ¡Qué bien! Y pensaba en el Vanzo que tengo desde la semana pasada, -en clima diurno/nocturno acentuando la paridad del plano, propia del rasgo en tinta china en donde el sol y la luna son análogos-  que cuenta de una chica con melena larga, que ingresa a escena con el mismo ímpetu que “La Libertad” en, justamente, La Liberté guidant le peuple de Delacroix, e incendia la isla de enfrente. Y me he querido quedar con esta obra que se llama Fuego en las islas (1954) xq me da la idea del autorretrato. Es la primera vez que pienso en una pieza de arte de este modo. Desde hace un tiempo largo miro las pinturas y los dibujos con gran admiración, instalada en el lugar del público, pero con este Vanzo me siento protagonista de su historia. He inventado, me he apropiado y he asistido un retrato; y ahí estoy, en la pira de la isla, cargándome un monte completo, sucesivo de aguaribayes, intentando recurrir a mi coiffeur todos los viernes para mantener controlado el desmadre inminente. Ha pasado el rock. Miro el rock. Toda contemplación es fuego. Una vez pasado el rock,  veo en silencio mi frutera, las mandarinas vergélicas maternas, y se activa la posibilidad del verso. Miro como las hordas de algarrobos y chañares se acercan a nuestra casa desde los montes achaparrados, y como las flores voraces, achiras papagayas, gritan en los lindes de nuestra vista. Así, mudas las flores, aparece un cardenilla, un relámpago salaz, un ramo de cerezas, y se arrima con pregnancia al crataegus; el crataegus se defiende mustio, triste ante las plumas hemoglobínicas del pájaro.  Entender el mundo de los rojos: contrastes simultáneos desde los rojos vividos, los verdaderos rojos colorados al rojo de los tierras, el crataegus de rojo quebrado, brotando del suelo. Al rato, alguien dice: ¡voló tierra! Y de este modo, asevera que llegan visitas con la polvareda. La trashumancia nos rodea a toda hora, más allá del recorrido que traza el carpintero real entre la punta de la varilla del cerco de 5 hilos y  nuestra ventana silenciosa en Monte Leña. Hay también en ese Vanzo silencio, silencio de fuego, silencio de invierno, aunque la pirómana esté prácticamente desnuda y acalorada. 

viernes, 12 de julio de 2013

PRIMICIA AGOSTO 2013

En un mes presentamos en el Club Editorial Río Paraná este nuevo libro. 
Va por Ivan Rosado.
Ana Wandzik y Maxi Masuelli han hecho una labor muy dedicada y generosa 
para que este proyecto traquetee rumbo a la lectura desmadrada.

Aquí un adelanto de tapa y poema para ser leído en voz alta!




Pasan caballos
Ya no escribo más xq no recuerdo qué escribir.
Estoy bañándome de amor en humedal
en la largada del mosquital
asentada en el saucedal del paranacito
todo brilla en cálidos.

Estoy viendo pasar 4 o seis caballos por la noche,
se acercan mudos, y los contamos , cuatro
siete, 
once, en progresión.

La noche reluce con nuestro asado
pasa un chancho, 
nos visitan caballos nocturnos
con pelajes que podemos distinguir:
overo
tobiano
zaino
porcelano
tordillo
gateado
lobuno.

En nuestra mañana se atropella un variopinto tropel 
con esos mismos cueros:
overo
tobiano
zaino
porcelano
tordillo
gateado
lobuno.

Cosemos  una ventana a la tropa loca
tu brazo cierra un círculo para ver ese temblor
que sentimos en la panza. 
Son once bichos enormes 
que no levantan polvareda
que tragamos y mordemos:
overo
tobiano
zaino
porcelano
tordillo
gateado
lobuno.

Antes yo me bañaba en este río, ahora me lo tomo.
Y nosotros flotamos  con el oro
para mirarnos el cristalino, 
besarnos el gonión
en la curva del paranacito.
Sigo nadando frente a la luz
rumiando nuestro limo destellante entre los dientes.