miércoles, 7 de octubre de 2015

Se hace una muestra


Desde el primer día que vi el trabajo de Gabriel Baggio supe que no estaba frente a un resultado y mucho menos frente a un proceso. Ahí hubo un nido de falanges otorgando cuerpo a lo impronunciable. La producción, de este autor complejo, requiere parsimonia sinestésica para, así, defendernos de un gúgol.
(definamos procedimiento: Baggio=gúgol).


Gentileza Nicolás Levin

No es una enciclopedia delirante alojada en la reminiscencia, es la construcción ajustada propia de la mesada de un laboratorista manipulando G.M.O..
Hoy, muy poco de su trabajo, viaja en cofres para ser exhibido como reliquias sobre las rugosas paredes del revoque fino desprolijo de Richieri.
Tanto para el genio de Juan Perassi como para la dulce Eliana Bianchi, y para mí, exhibir Afluente de Gabriel Baggio es un gusto viviente. Ojalá estemos a la altura.

Los esperamos con vituallas y alegría el viernes 9 de octubre desde las 18hs.
(HAY ZONA LIBERADA)

Richieri 452
Rosario, 2015
R.S.V.P.

viernes, 2 de octubre de 2015

Una pieza compleja, a dos voces, Calvo-Siegrist

Fuerzas naturales

                 “Si se piensa este paisaje y su historia, no se puede dejar de imaginar el barro borrando y derritiendo en su fluir todo documento habitacional rentable, dejando así el sedimento barrido por las lluvias: las piedras en la vida de los antepasados son el único material que ha posibilitado un relato, por eso en el norte (dígase Méjico y Europa, donde los suelos son rocosos) hay una historia que se puede contar; la tierra y el agua, en cambio, con sus características físico-químicas son mas lábiles, mas untuosas, y definitivamente mudas.”





La idea de esta intervención es dar cuenta del proyecto del ingeniero Nicolás Grondona en el que, según palabras de Raúl D´Amelio,  “el propósito de los ciudadanos- cuyas ideas él debía llevar a la práctica- era el de levantar una pirámide en la isla de El Espinillo, frente a la ciudad, en el sitio en que según sostenían diversos testimonios, había estado la Batería Independencia, y otro monumento más importante en el sitio de las barrancas donde el General Manuel Belgrano había instalado la Batería Libertad, entre las calles 25 de Diciembre al oeste, la Bajada de Santa Fe al sur y el río Paraná al norte y al este”, así mismo nos convoca notablemente lo sucedido con el monumento emplazado en la isla de El Espinillo ya que, como nos detalla el arquitecto D´Amelio, “El monolito tuvo una vida efímera. Al emplazarlo, los autores del proyecto probablemente habrían incurrido en un error de cálculo o de ubicación porque, según cuenta Gabriel Carrasco, el obelisco fue arrastrado por las aguas, posiblemente en la creciente de 1878” con un caudal de 51.000 m3/s, índice que su ubica en quinto récord histórico de las crecidas. El segundo monumento, el conmemorativo a la Batería Libertad sobre nuestra barranca, nunca llegó a construirse. Así el limo avanzó en vilipendio hundido y feroz en el primer caso; y el papeleo anuló el ejercicio de memoria en el segundo. Pasaron varios lustros hasta la construcción del Monumento a la Bandera de Ángel Guido que hoy engalana nuestra ciudad.
En las cárcavas de bordes vivos ingresó el agua retrogradante, en vórtice, de flujo turbulento (no laminar), socavando el monumento y haciendo que éste entre colapso. Un sistema en equilibrio migró a un sistema en endeble para, sin flotar, sin hacer pie, quedar totalmente ahogado entre el barro y la correntada. No existiendo deformación pero sí evidenciando la caída muda y la destrucción. ¿Falla de cálculo? En esa devastación, en el desastre, detectamos la posibilidad de un cauce poético, en el que una Atlantis turbia y ámbar nos ofrece la posibilidad de zambullirnos en nuestro pasado y recobrar tímidamente lo poco que nos cuentan los libros, los diarios (El Sol y El Independiente) sobre lo arrasado por “La Grande”. Re-editamos el arrastre, ese espacio del cauce como idea de cosmografía sub-acuática entrecomillada por las márgenes del Paraná. Destacando el poder de los fenómenos naturales por sobre las obras civiles. Un bosquejo de ingeniería a mano alzada, como póster, es lo que queda.



El día lunes 5 de octubre a las 16.30 hs. tendrá lugar el homenaje al extinto primer monumento a la bandera diseñado por el ingeniero Nicolás Grondona erigido en 1873 en la isla El Espinillo y posteriormente arrasado por la creciente de 1878. Se planea descubrir una placa recordatoria en Avenida de Los Inmigrantes, a escasos metros de la barranca. Esta acción incluye, también, una pieza gráfica seriada hasta 50 unidades a modo de memorabilia.

11° Semana del Arte de Rosario
Autoras: Eugenia Calvo y Lila Siegrist
Colaboradores: Anahí Laurencena y Federico Gloriani
Se recomienda puntualidad.


jueves, 17 de septiembre de 2015

Pasada previa

Hace millones de años me crucé con un pibito que venía a ser como un primo segundo lejano, de esos que ves cada 5 años, pero que siempre te quedan rebotando en la cabeza por algo. Desde hace millones de años, aunque en realidad sean escasos quince, nos adherimos el uno a otro y vimos pasar volúmenes notables de acontecimientos y avatares que nos transformaron el uno al otro casi trasvasadamente. Hoy aquel puber y aquella lumpen se siguen frecuentando, sólo que no a modo de parientes desconocidos sino como hermanos.
Avant premiere da sala en Richieri, misión cumplida. Ver video:

https://www.youtube.com/watch?v=mkRIJDSnz6Y




¡Qué delirio!
¡Madre de dios querido!


Richieri, 18 y 19 de septiembre de 2015, dos funciones a las 19.30 y a las 21 hs.

martes, 1 de septiembre de 2015

Una revelación




























Hace un año atrás caminaba por calle Mitre casi San Luis con Baggio/Levín y ellos me obligan a detenerme sobre la vidriera de La Porteña. Allí resplandece, aún en mi repaso, el trabajo de la dupla Blaconá/Rodríguez.
Dos duetos aumentan los lindes de la ciudad a terrenos aún no descubiertos por mí. Los axiomas se adulteran. Los esmaltes lustrosos de falso fondant, el merengue italiano montado, los alfajores glaseados, los baños de chocolate, dan lugar a las huellas dactilares de superficies pasteleras hasta hacerme agua la boca. Ante la repostería saliva vagal resuelta no sólo en el plano de las referencias del arte; sino en la cocina como lugar de alquimia familiar o en los olores del salón de La Porteña: las esencias. Ese escaparate se apodera de mí, acá en Richieri, entonces la  bienvenida: “Labores devotas.
Brindis a partir de las 18 hs el jueves 3 de septiembre.

miércoles, 26 de agosto de 2015

Duendero, de Diego de Aduríz

Diego me cuenta que en la pared lindera a su taller, pegada a un descampado en el barrio Refinería en Rosario, se sentía ardor de fuego y, parece que, en el terreno baldío de una fábrica abandona comenzó un incendio de pastizales y fierros por la madrugada. Diego bajó raudo a su taller pensando que sus tesoros corrían peligro y desmontó su trabajo salvándolo de la catástrofe.
Algo de ese calor, de esos bramantes destellos indómitos, se ha trasvasado a estas salas.
Nuestra gratitud para Diego de Aduríz por desplegar su cubil candente a Richieri.


se puede visitar hasta el 28/8, imperdible.


Comparto nota de Beatríz Vignoli sobre la exposición: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/12-50656-2015-08-18.html

martes, 28 de julio de 2015

Richieri 452


 Richieri se inicia con mi primer trabajo artístico que fue Domínguez Dentrecasa (entre el 1999-2003). Por aquella época investigué la obra del pintor costumbrista Raúl Domínguez y para mostrar el cierre del proyecto produje como autora, gestora, agitadora, curadora, etc., una exhibición en el living comedor de mi abuela (lo cierto es que exhibí el trabajo allí porque no me quedó otra, no conseguí otro espacio en la ciudad para ponerlo en circulación). Así todo allí servimos un copetín el 4 de julio de 2003 y la casa se lleno de audiencia y amigos. Entre mi abuela y yo convertimos la casa en una sala de arte y a mí se me transformó la cabeza entendiendo que las posibilidades se encuentran.
Luego seguí trabajando como artista y de otras cosas.
Hoy Richieri se resignificó, pasaron miles de años y allí se alojan tres distintas alternativas de tráfico de contenidos culturales: sala 1 de exhibiciones experimentales, sala 2 exhibición de obra múltiple de alta rotación, sala 3 colección permanente y de conversaciones suculentas. Richieri promueve la reflexión crítica, la experimentación estética y el coleccionismo. Me siento muy orgullosa de los artistas que exhibimos.


Julio Vanzo, Juan Grela, Juan Hernández, Ricardo Supisiche,  Diego de Aduriz, Maximiliano Rossini, Juan Manuel Brandazza, Eugenia Calvo, Pichi De Benedictis, Pablo Cruz, Mariana Telleria, Gastón Miranda, Georgina Ricci, Gastón Herrera, Max Cachimba, Anahí Laurencena, Pablo Boffelli, Gustavo Cochet.

Exposición Sala 1 Maxi Rossini Ejercicio Junio Julio 2015


 
En este híbrido en que me he convertido, ejecutando tanto proyectos autorales en el ámbito de la plástica, la poesía, la edición, la narrativa como gestora, me interesa siempre destacar que una como productora cultural puede ser la anfitriona de una idea y convocar e invitar para que su germen se desmadre y gane nuevos agentes, territorios y lenguajes.
De este modo he trabajado desde el año 99 en ámbitos institucionales, autogestivos y para-institucionales entendiendo la producción cultural como acción militante.

Para más información nos escriben a Eliana Bianchi o a Lila Siegrist


jueves, 16 de julio de 2015

en breve


















Es un sancocho entre El Tempe Argentino de Marcos Sastre, Viaje al País de los Matreros de Fray Mocho, A.D.Orb. y mis visitas a las islas. Es un semanario autobiográfico y una plaqueta de versos. ¡Saldrá a la luz en breve!
ALEGRÍA

martes, 27 de mayo de 2014

Schiavoni y la Duquesa de Alba



No se ve, o lo que se calla.
Lo que el lector sostiene entre sus manos no es el texto que he prometido a mis editores, sino más bien la historia de una renuncia. Han pasado los días densos del sopor de enero, las humedades de febrero y ahora  las jornadas, de frescura despejada en la palabra, reanudan la faena. Estos meses he detectado que mi biblioteca se derrama sobre la mesa de trabajo generando un barullo atroz que no domestico. Mi indolencia, ante el derrape, se evidencia en atalayas de libros que aúllan. Desidia e inoperancia propias del clima. Presión. Desmantelar una escena por agotamiento y perpetuarse en el cansancio de la inacción. Campo liso y yermo. Desde allí, lanzarse al abismo. He tenido, durante el calor, la impresión extraña que todo a mi alrededor se detenía, en esa latencia inquieta que anuncia las tormentas más formidables ¿Editar los cúmulos acinéticos? Y, gracias a una dinámica un tanto más eficiente y moderna que la mía, llega a mis manos el Círculo de fuego de Gola por el desguace habitual que mi padre ejerce sobre su escritorio; así un poema se vuelve bálsamo:

Demoré tanto tiempo
para encontrar la palabra
y cuando llega
ya no me sirve

Gasté tantos días
para alcanzar la torre
y ahora
en esta mañana de mayo
tiemblo de frío

Creí que la paciencia
derrotaría al recuerdo
y está más vivo
porque el olvido no existe

¿Habré de abandonarme
como cuando vivía
sentado en una piedra
tirado sobre el pasto
envuelto en el movimiento
vacío
de las nubes?

Veo a Martín Prieto caminar por calle Maipú, en el centro del universo joyero, cruzado por una centella suroeste; su adalid oscura avanza henchida. Retrato callado del poeta saliendo del cuadro. Yo afónica. Pienso en las pinturas taciturnas de Augusto Schiavoni: en los canastillos, en los crisantemos , junquillos, ciruelos y duraznos, en los bodegones, en los patios, en los retratos; rictus impávidos que aparecen con sombreros, con bufandas, con armiños o zorros, con cortinados, con boina blanca, con collares colorados, con porrones de barro, con batas y vestidos azules, con azadas, con peinetón, con vestido amarillo, con capa negra;  cientos de veces. Estos seres podrían llamarse: la dama, el viejo, la niña, la joven, la estudiante, el muchacho, el  barbirrojo,  Augusto, José,  Manuel Musto, mi madre, mi hermana o, anestesiadamente, figura. Y son lo mismo, la escena callejera del oro local  y los cuadros de Schiavoni: un silencio puntual, como la dura eficiencia del rumor de una guillotina. Albur. Es eso, ¿un disparo o una foto?  Pero en los Schiavoni está toda la liturgia muda del poder de la pintura, en la densa bonhomía. En el rebote del pincel sobre el lienzo, en la untuosidad de la materia en espátula para, luego, estirarse amorosa sobre el género revelando de vuelta la forma del silencio. Los retratos.


Grela me dijo a los catorce años: señorita si viene acá, viene para usted; no viene para andar diciendo por ahí que viene a lo del maestro; porque yo no soy un maestro, porque a usted no le sirve venir acá si no aprende; entonces, hasta que no aprenda a dibujar este vaso, este vaso no existe y usted tampoco ha venido a mi taller; por lo que cállese la boca. Rigor por la disciplina, por el trazo, por el color, medir las palabras. Todo lo he aprendido tarde. Grela describe, en otro cuadrazo mudo de Schiavoni,  las líneas, el color, la materia y la composición. Sólo un perro de Murano, sobre el pañolenci verde billar, tiene la mirada inquieta en la Composición de 1932. Un perro, que también podría ser ¿un gato, o un ratón? Un objeto absurdo, un bibelot, que destella en la impronta gélida y solemne propia de los personajes ataviados por Augusto Schiavoni. Y Grela, ante este detalle decontracté, no señala más que: Perrito: Negro-azul. Moño blancos-rojos y azules.  Y me vuelvo loca de verborragia por este acento pop.
¿Un perrito de cristal de Murano compartiendo primer plano con un ejemplar de la Revista Hogar? Epítome pictórico pop de Schiavoni, 30 años antes que Richard Hamilton y desde el cono sur. ¿Porque Augusto no puede ser un pintor pop? Repertorio y paleta me dan la derecha. Hace algunos años, cuando preparaba un texto sobre el Pop, le consulté al Prof. Montini cuál era, según él, el primer cuadro pop de la historia y su respuesta, siempre aguda, excéntrica y estudiosa, fue la siguiente: el retrato ecuestre de Doña María del Rosario Cayetana Fitz-James Stuart de Silva, de Ignacio Zuloaga. Inmediatamente, para documentar su recomendación,  me facilitó el catálogo de la colección  de la Casa de Alba en la que el editor conde de Siruela presenta, retratado en escorzo con melena entrecana nívea, la colección delirante de su abolengo. Ahí, página tras página, sala tras sala, va apareciendo toda la tradición pictórica castiza más ajustada del retrato monárquico. Y así, como quien no quiere la cosa, de repente se hace presente el retrato cocoliche/colorinche de la duquesa niña, subida a un pony tobiano de los Farrapos, con sus mascotas y juguetes, su perro salchicha y un Mickey  que, risueño, inoportuno y vivaracho,  aparece hogaño a su nacimiento. Este es el dato de inscripción en el Pop:  Micky Mouse, primicia del consumo infantil, en un museo, en una colección y en retrato ecuestre de una niña duquesa de Alba caprichosa en 1930. De todos modos, no puedo dejar de pensar que el perro de Murano, que Grela decide evitar  y casi no señala en la pintura de Schiavoni, es épico cómo el ratoncito de Walt Disney en el empaste de Zuloaga. De golpe la contravención y el movimiento se disparan igual que un estallido de rayos gamma.

                                   

Puedo enroscarme en las patas redondeadas de ese perro de cristal, puedo oler ese moño, esa superficie acharolada del animal azabache que se escapa del cuadro. Pero en esta pintura, como en todas las de Schiavoni, el objeto de estudio es melancólico y poco controvertido. Una sola máxima ubicada en el silencio; el silencio expectante y natural,  estético y cromático, respetuoso y dignificante, todos silencios austeros. Dice Batlle Planas, en el libro Schiavoni de Ediciones Ellena/Rosario sin fecha precisa: Las distancias fueron controladas y hubo sacrificio, estricto el aire, estricta la pena, estricta la alegría, estrictos los minutos que vio a la naturaleza, estricto fue su aire, los árboles, las hierbas, las flores. Enumeremos su dolor, un tonto sosiego y la penumbra envolviendo sus cansados miembros. Las mujeres de la pintura, como muchos de los retratos de Schiavoni, llevan unos cortes carré  y se las nota rígidas; al chico, en cambio, se lo ve cándido y triste. Rigor, ternura y tristeza. El niño mudo, las señoras atildas sobriamente y el perro huyendo para ladrar y batir otra historia.

Texto reproducido en UNION Y AMISTAD (pag. 21 a 24)
año 3/ n°5/ otoño 2014/ Rosario / Argentina

sábado, 17 de mayo de 2014

Carbones y diamantes


Fotos Gastón Miranda



Atrapada entre Dominicis y Obligado. Termino la semana deslumbrada con Angelita y Román; los junto, los uno, los obligo a conversar, los cebo. Vamos de las suculentas de Graciela, y su jardín espeso del que cada uno tiene un poco, a las piezas de Román. Angelita es experta en química de los cristales. Román trabaja con cristales. Le pregunto a ella, tratando de llevarla al lugar del especialista, qué ve en la obra de Román y me dice que ve a su propia madre haciendo cofres, nécessaires, adornos, pasatiempos coloridos y brillosos. No me revela nada que no sepa. Macla. Román nos señala que su asistente tiene la edad de mi abuela. Persistimos en la auto-referencialidad y en el empirismo propio de la acumulación de tiempo, nos regodeamos allí los tres; de golpe tengo la impresión de estar pasándola regio. ¿Qué estamos tomando? Mientras tanto no abandono mi voluntad investigativa por lo que, desde hace días, llevo en el bolso un libro de mineralogía: … la fórmula química no es un elemento definitivo para distinguir un mineral de otro, una misma fórmula  puede ser compartida por minerales distintos, ya que aun compartiendo ésta tienen propiedades físicas opuestas debido a su diferente estructura atómica, propiedad que se denomina polimorfismo, cuyo ejemplo clásico es el diamante y el grafito cuya idéntica formulación química (C) nos ofrece características físico-químicas estructurales radicalmente distintas. (Roubault, M. Determinación des mineraux des roches, au microscope polarisant. París, 1963).
Tiempo. Estoy parada ante la instalación de Román Vitali, un cristal tras otro destella. Me acuerdo de Gumier contándome sobre Román como un hallazgo; eran los 90tas. Para mí cada artista era un yacimiento, tenía apenas 19 años y creía que para ser artista había que hacer todo el tiempo lo que se quiera, atropellando; no he cambiado nada. Pero pasaron décadas. El pensamiento y los ojos se me disparan en millones de sentidos, como si una sublingual de ternura se me diluyera rumbo al cerebro frente a los vitalismos. Román me altera. La ciencia, la historia, la sensibilidad, la ciudad y el amor construyen este momento de alta velocidad bastante similar al de un Shinkansen.
Procedimiento. Táctica. Unidades celulares que, enhebradas en tensión con una línea, organizan un tejido, conforman un volumen y más tarde definen un cuerpo para que, una vez instaladas en luz gracias a la dispersión de Rayleigh, la compacidad desaparezca; y convertirse, así, en suspiro leve en mis pulmones. Como cuándo vamos a dormir al bosque húmedo de pinocha y sabemos que estamos en cada tesis alveolar. Las ideas se alojan en la felicidad de ser recreadas respiración tras otra. Y saber que allí podemos quedarnos. El tiempo en Vitali se evidencia, y se detiene levitando, del modo más precioso: estar. La obra perpetua que Román genera, se sostiene en un idéntico gesto que logra modificarse así mismo, como un ademán elegantísimo que siempre salpica color de manera prodigiosa. Y esos derrames nunca son iguales, paleta en scattering. Cauta celeridad para la urdimbre de estas piezas, y marejada en urgencia para nosotros. Román me revela un secreto: con las cenizas de un ser querido se pueden hacer diamantes de los colores que deseemos. Pediré ser una cuenta facetada cinabria, entonces.


Fotos Gastón Miranda

Texto a propósito de “13” (2014), obra de Román Vitali, instalación topo-específica en Paisaje.
Se puede visitar hasta fin de junio, de martes a viernes de 16 a 20.