miércoles, 26 de marzo de 2014

Retratos de Capote

El viernes 28/3 a las 18hs. los invitamos  a la conversación que tendrán Irina Garbatzky y Ezequiel Alemian con motivo de la publicación de Expansiones. Prometemos charla amena, nutritiva y luego, a las 19hs. en Paisaje, abrimos nuestro colorido bar ambulante, para compartir también la expo Retratos, que incluye piezas de incalculable valor sensible, poético e histórico de Antonio Berni, Mele Bruniard, Eduardo Serón, Maximiliano Masuelli, Mariana Demateis, Gastón Miranda,  Arturo Zinny, Maximiliano Rossini, Claudia Del Río, Luis Vignoli, Domingo Candia,  Coty Alberione, Cesar Caggiano. Acompañamos con un texto de Truman Capote, reproducido en Observation (con Richard Avedon, 1959) que nos resulta apropiado para la ocasión:

Un grupo de cisnes
Patrick Conway, un caballero de diecisiete años, escribió en su diario en 1880, en el transcurso de una visita a Brujas: “Me senté en el muro de piedra y contemplé un grupo de cisnes, una altiva armada, que avanzaba siguiendo las curvas del canal y se fundía con el crepúsculo mientras sus plumas flotaban en el agua como si arrastraran las colas de níveos vestidos de baile. Me recordaron a hermosas mujeres: pensé en Mlle. de V., y experimenté un intenso estremecimiento, un escalofrío, como si hubiese escuchado recitar un poema o tocar una música sublime. Una mujer hermosa, bellamente elegante, nos impresiona como una obra de arte, cambia el talante de nuestro espíritu; ¿es esto un asunto frívolo? Yo creo que no.”
La intercontinental bandada de cisnes que pasa dejándose llevar por nuestras páginas alardea de un par de polluelos, maravillosas promesas en cierne que un día quizá la liderarán. Sin embargo, tal como se admite generalmente, una hermosa muchacha de doce años, o de veinte, si bien puede merecer atención, no es aún digna de admiración. Hay que reservarle ese laurel para dentro de unas décadas, cuando, si ha conservado boyante la fuerza de sus dones y se ha mantenido fiel a los votos a los que un cisne se debe,  se haya ganado a un público arrodillado a sus pies; porque su hazaña implica disciplina y ha requerido la paciencia de un hipopótamo y la objetividad de un médico combinadas con la dedicación de una artista cuya única creación es su perecedero yo.

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