domingo, 1 de noviembre de 2015

A.


Sólo pregunta el que sabe
La exposición A. de Georgina Ricci podría iniciarse con una pregunta y cerrar con una respuesta imprecisa. Lo notable de su ejercicio autoral es hacerse preguntas, el modo  de formular y la resolución laxa que nos ofrece. Nos trae su trabajo desde hace años, increpa el espacio preexistente y lo señala desde el lugar de la omisión, destaca lo que nadie lee. Y en esa práctica genera conocimiento raso. Yo me pregunto, ¿cómo no he leído esto antes? ¿Cómo no he identificado ese fenómeno? ¿Qué dioptría tiene Gerogina Ricci para leer? ¿Cuál es la escala de su sensibilidad convergente?





En el año 2004 invitamos a Georgina Ricci para hacer una exposición en Roberto Vanguardia (un súper proyecto que compartíamos Nancy Rojas, Mauro Guzmán, Sebastián Pinciroli, Eugenia Calvo y yo, en los altos de calle Laprida 727). Nos esmeramos en poner el recinto de exhibición en condiciones de anfitrionía, es decir limpieza y pintura destellantes; Georgina Ricci tomó la sala y en aquella operación exacerbó lo que la pintura había borrado o escondido: la estufa a tiro balanceado, y replicó la silueta de calefactor en negativo por todo el espacio. Su tarea, en función de la desmimetización (si es que esto existe), fue revelar lo solapado; pero no desde la impudicia de todo aquel que exhibe lo oculto, sino desde el lugar del investigador que pretende construir y relatar aquello que no tiene nombre, que aún no puede ser enunciado con palabras. Y, hoy, después de miles de millones de años y de trabajos comunes, y de amoríos, la Ricci nos increpa desde A. en Richieri. ¿Qué es A.?

Brecht, para orientarnos
¿Quién construyó Tebas, la de las siete Puertas?

En los libros aparecen los nombres de los reyes.

¿Arrastraron los reyes los bloques de piedra?

Y Babilonia, destruida tantas veces,

¿quién la volvió siempre a construir? ¿En qué casas

de la dorada Lima vivían los constructores?

¿A dónde fueron los albañiles la noche en que fue ter-

minada la Muralla China? La gran Roma

está llena de arcos de triunfo. ¿Quién los erigió?

¿Sobre quiénes

triunfaron los Césares? ¿Es que Bizancio, la tan cantada,

sólo tenía palacios para sus habitantes? Hasta en la

legendaria Atlántida,

la noche en que el mar se la tragaba, los que se hundían,

gritaban llamando a sus esclavos.

El joven Alejandro conquistó la India.

¿Él solo?

César derrotó a los galos.

¿No llevaba siquiera cocinero?

Felipe de España lloró cuando su flota

Fue hundida. ¿No lloró nadie más?

Federico II venció en la Guerra de los Siete Años

¿Quién

venció además de él?

Cada página una victoria.

¿Quién cocinó el banquete de la victoria?

Cada diez años un gran hombre.

¿Quién pagó los gastos?

Tantas historias.

Tantas preguntas.

Bertolt Brecht


Final de las preguntas
Cuando A. no es una pregunta.  A. puede ser una incógnita, una omisión voluntaria, el borramiento de la entidad de alguien, la reducción de la identidad.
Duchampeanas hermanas militantes activistas vitalistas vitalicias, hacer humo con el arte.
En Geometría Analítica A;  α;  alfa;  definen  un espacio que puede gestar la curva de un horno de barro y el encastre de los ladrillos sobre la chapa y, luego sobre los ladrillos, un baño de barro para sellar la obra en manos de alguien. Al final el asado. En la ecuación podría ser A. = alguien.

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